Seguridad Vial

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15/04/2026Alcohol y drogas al volante: una decisión que puede cambiarlo todo.
“Por una copa, no va a pasar nada.” ¿Te suena? Es una de las frases más repetidas antes de ponerse al volante y también una de las más peligrosas. Porque cuando se mezclan sustancias y conducción, el margen de error prácticamente desaparece.
“Por una copa, no va a pasar nada.” ¿Te suena? Es una de las frases más repetidas antes de ponerse al volante y también una de las más peligrosas. Porque cuando se mezclan sustancias y conducción, el margen de error prácticamente desaparece.
Conducir exige tomar decisiones constantes en fracciones de segundo. Cualquier sustancia que altere las capacidades del conductor tiene, por tanto, un impacto directo sobre nuestra seguridad y la de los demás.
Conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas sigue siendo una de las conductas más frecuentes en carretera, y una de las más severamente castigadas por la ley.
En España, se considera delito superar los 0,60 mg/l de alcohol en aire espirado. Pero no hace falta alcanzar ese umbral para enfrentarse a consecuencias penales: si existen signos evidentes de que la conducción puede estar afectada por alguna sustancia, la ley también actúa. Con las drogas, el criterio es aún más estricto: basta con que se detecte su presencia y su influencia en la conducción para que exista delito, independientemente de la cantidad detectada.
Las sanciones contemplan penas de prisión, multas, trabajos en beneficio de la comunidad y la retirada del permiso de conducir. Una decisión tomada en un instante puede cambiarnos la vida, no solo por el castigo que podemos sufrir, sino por las graves consecuencias sobre nuestra vida y la de los otros usuarios de la vía. Esto es lo verdaderamente importante.
El peligro de estas sustancias se produce al reducir los reflejos y la concentración y aumentar la confianza y cierta euforia, lo que lleva a asumir riesgos importantes. Las drogas, según su tipo, pueden llegar incluso a distorsionar la percepción, reducir el tiempo de reacción y alterar la coordinación motora.
Estos efectos suelen subestimarse y la sensación subjetiva de “controlar” persiste incluso cuando las capacidades ya están comprometidas. Esa diferencia entre lo que creemos y lo que realmente ocurre es, en muchos casos, el origen de muchos accidentes.
Los datos lo confirman: el alcohol y las drogas siguen presentes en un porcentaje significativo de los siniestros graves, lo que explica que constituyan una prioridad absoluta en las políticas de seguridad vial.
Evitarlo está al alcance de cualquiera. Transporte público, taxi, servicios de movilidad o acordar un conductor alternativo, las alternativas existen y son accesibles. Pero lo más importante es detenerse antes de salir y coger el coche. Si uno sabe que va a beber o que existe la probabilidad de beber alcohol, optar por una alternativa. Solo optar por el vehículo propio cuando se está seguro de que bajo ningún concepto se va a beber ni una gota de alcohol.
Al final, todo se reduce a una decisión. Porque cuando se mezclan alcohol o drogas y conducción, lo que está en juego no es solo una sanción, sino algo que no tiene vuelta atrás.
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